Se me apagó la voz.
No sé si sufro de indolencia;
yo diría que no,.
pero se me apagó la voz,
la voz se me apagó
y ya no quiere preguntar más.
Sé que sufro de nocturnas querellas
entre el subconsciente y la razón,
pues allá va el primero
blandiendo su espada,
mientras cierro los ojos,
sin ton ni son.
Y despierto...
Y me advierto.
Con el corazón a mil latiendo,
a la espera de la no desesperanza.
Pero a veces me abate y no entiendo
Por qué se le apagó la voz,
por qué la voz se le apagó.
Y mientras tanto,
sentada, tumbada,
confusa entusiasmada,
ato y desato a la razón
y la siento a mi lado
a contemplar
el sol...
O qué sé yo.
sólo sé que no quiero
que se nos apague la voz.